SE PRECISAN MAS CIUDADANOS QUE ESPECTADORES

“En política lo primero es obtener el poder y luego comenzar a pensar en las transformaciones en el mejor de los casos”. La precedente es una idea cada vez más repetida por parte de aquellos que consideran a la política como una suerte de botín de poder y recursos más allá de cualquier lineamiento ideológico o al menos coherencia en sus conductas públicas y privadas. Esta praxis es un fenómeno que no es propio sólo de la Argentina.
Esta liviandad se potencia con una creciente farandulización de la política que deja de lado el trabajo territorial, los contenidos o tan siquiera vagas propuestas. Los representantes están cada vez más alejados de sus representantes. Se apuesta por las imágenes y el discurso mediático.  Sabemos más sobre como baila y vive la novia de un candidato que dónde está alineado, cómo piensa, qué hizo y qué propone. Hay un vacío político en pos del afán por llegar al poder por el poder mismo.
Sin embargo, la dirigencia no viene de Marte, son vecinos nuestros, provienen de una escuela, en algunos casos de una universidad, en otros de alguna actividad sindical o empresaria, etc., son en consecuencia el emergente del nivel cultural de nuestra sociedad.  Haríamos muy mal en apuntar con el dedo acusatorio hacia el sector político. ¿Qué pasa con la gente cuando opina sobre la dirigencia de todo tipo? Ahora la dirigencia eclesiástica con la presencia de Francisco ha llevado a cambiar un poco la mirada  y ha habido una renovación, un aggiornamiento, pero hasta hace muy poco incluso también los prelados eran denostados.
Tendríamos que preguntarnos antes entonces qué nivel cultural, qué nivel social, qué nivel de conciencia política tenemos en este momento los argentinos. Hemos entrado en una suerte de lavarropas donde se ha desteñido el pensamiento y ha quedado solamente el ropaje. ¿Qué quiero decir con esto? cualquiera puede calzarse el traje que mejor cuadre con el momento, sea de izquierda o de derecha, peronista o radical, poco importa puesto que lo que cuenta es cómo queda ante las cámaras. Nos hemos convertido en espectadores antes que ciudadanos. Es el punto sobre el cual debemos reflexionar.
Este fenómeno es global. Los partidos políticos se han convertido en meras estructuras electorales que luego de la elección cierran sus locales y sus canales de interacción con sus pretendidos representados. Incluso los movimientos de irrupción al poco tiempo se burocratizan y pierden esa savia de participación ciudadana. Queda una especie de círculo cerrado al que pareciera que el ciudadano común no puede y no le interesa acceder. Sin embargo, de manera concomitante, existe un crecimiento global y también en la Argentina de manera muy notable de entidades intermedias, asociaciones de defensa del consumidor o de carácter solidario, que hay que tomar muy en cuenta porque van a tener además como sucede en otros países, un protagonismo cada vez mayor, incidiendo sobre los decisores de las políticas públicas particularmente a través de la oportunidad que brinda la masificación de la comunicación por medio de las nuevas tecnologías.
Es decir, en tanto las vías tradicionales para hacer política se angostan, paralelamente se abren otros caminos respondiendo al instinto primario del ser humano de supervivencia y conservación en épocas de crisis así como instintos más elevados ligados a los ideales como miembros de una comunidad.
ARTURO FLIER
SECRETARIO DE INTEGRACIÓN COMUNITARIA