LA MITAD DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD ESTÁ DESOCUPADA

Cada día, Florencia Franco se levanta a las 4 de la mañana y toma tres colectivos para llegar desde su hogar en Moreno a su trabajo en Constitución. Allí se desempeña como asistente de logística de un emprendimiento que entrega bandejas de frutas frescas a empresas. De lunes a viernes revisa facturas, controla remitos, chequea que las direcciones estén bien y se asegura de que los repartidores tengan claro su recorrido diario. Es entusiasta, responsable y sorda, como las otras 20 personas con las que trabaja en la sede de En Buenas Manos, una ‘empresa social’ que busca generar un cambio de mirada respecto del empleo de personas con discapacidad.

Florencia disfruta poder estar charlando en un bar -intérprete de lenguaje de señas de por medio- con total normalidad. Acaba de volver de la inauguración de un café que se abrió dentro de las oficinas de una conocida empresa de agroquímicos y será íntegramente atendido por sordos. Este es su primer trabajo estable, hasta entonces pasó por otros pocos oficios, siempre breves e informales. Es madre de un niño de cuatro años y para ella es muy importante enseñarle el valor del esfuerzo. Más allá de la pensión por discapacidad que le otorga el estado, para ella trabajar es indispensable para sentirse realizada. “Para mí se puede trabajar y en diferentes lugares. Somos iguales, con nuestras dificultades, pero podemos comunicarnos y entender perfectamente”, cuenta sonriente.

En la Argentina, según datos del último censo, menos de la mitad de las personas discapacitadas que están en edad laboral trabajan (apenas el 44.6% está ocupado). El porcentaje de ocupación es aún menor si se toma en cuenta a los discapacitados que en el censo quedan ´ocultos´ como “inactivos” por no estar buscando trabajo activamente.

Según María Cecilia Rodríguez Gauna, directora de Estadísticas Poblacionales en el INDEC, se podría inferir que, por estar desalentada en la inserción laboral, la población discapacitada no busca trabajo porque no cree que lo conseguirá. Para mejorar la información existente, y luego de 15 años -la última encuesta nacional de discapacidad se realizó en el 2003- por estos días el INDEC está llevando a cabo un Perfil de las Personas con Discapacidad. “Sin información es imposible. Cuanto más tengamos y más precisa sea, se podrán delinear mejores políticas públicas para mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad”, sostuvo Rodríguez Gauna.

Florencia Franco es asistente de logística en un servicio de bandejas con fruta fresca preparadas y distribuidas por personas con discapacidad auditiva. Para ella trabajar es sentirse realizada
Florencia Franco es asistente de logística en un servicio de bandejas con fruta fresca preparadas y distribuidas por personas con discapacidad auditiva. Para ella trabajar es sentirse realizada Crédito: Emiliano Lasalvia

En nuestro país hay un 12.9% de la población que presenta algún tipo de dificultad o limitación permanente, que puede ser física o mental. Son unas 5.114.190 de personas distribuidas a lo largo todo el territorio pero con mayor prevalencia en el Noroeste Argentino. Dentro del universo de los discapacitados que tienen una sola dificultad, el 60% tiene dificultad visual, el 24% motora (inferiores y superiores), el 8% auditiva y el otro 8%, cognitiva.

“Yo soy empresario y no voy a sumar a una persona a mi equipo de trabajo si pienso que no va a agregar valor. Entonces, en la medida en que las personas con discapacidad no puedan dar a conocer las cualidades que tienen, no los van a contratar” viene sosteniendo desde hace unos años Hernán Español, fundador de En Buenas Manos. La organización nació en el 2011 con el objetivo de dar ejemplos de casos concretos en los que personas con discapacidad trabajan de forma eficiente, agregan valor, cobran un sueldo y se pueden insertar en el mercado laboral de forma igualitaria.

Comenzó con un servicio de masajes en empresas realizados por personas ciegas. Hoy sumado a ese proyecto también prestan servicios de entrega de bandejas con fruta fresca -preparadas y distribuidas en triciclos ecológicos por personas con discapacidad auditiva- y servicios de digitalización de documentos -brindado temporariamente dentro de las empresas- por personas hipoacúsicas. También están desarrollando un proyecto de servicio de manicuría, con locales a la calle, que será atendido por personas en silla de ruedas.

Cada proyecto es rentable y ofrece servicios a precios competitivos; es decir, las 130 empresas que los contratan no hacen beneficencia. Conforman la organización unas 100 personas, dentro de las cuales 85 son discapacitadas. Español cree que no hay límite respecto a los proyectos que pueden realizar: “Podemos hacer una diversidad de servicios y productos porque en todos ellos mostramos el empleo de personas con discapacidad”.

En Buenas Manos. La organización nació en el 2011 con el objetivo de dar ejemplos de casos concretos en los que personas con discapacidad trabajan de forma eficiente, agregan valor, cobran un sueldo y se pueden insertar en el mercado laboral de forma igualitaria.
En Buenas Manos. La organización nació en el 2011 con el objetivo de dar ejemplos de casos concretos en los que personas con discapacidad trabajan de forma eficiente, agregan valor, cobran un sueldo y se pueden insertar en el mercado laboral de forma igualitaria. Crédito: Emiliano Lasalvia

Para Constanza Carcanella, responsable de desarrollo institucional de En buenas Manos, la discapacidad funciona como una barrera siempre y cuando la sociedad no habilite espacios: “La discusión no es: en qué puede trabajar una persona con discapacidad, la pregunta correcta sería qué no puede hacer. En el caso de las personas sordas, menos atender el teléfono, pueden hacer cualquier cosa”, grafica.

Gustavo Angel Fleitas tiene 49 años pero parece mucho menor. “Es por el torball y goalball”, explica, mencionando los dos deportes para ciegos que practica cada sábado. Alrededor de los 30 años perdió completamente la visión por una diabetes tipo 1 que sufrió desde chico y, ahora entiende, nadie le explicó con exactitud cuan mal podía terminar. Trabaja haciendo masajes en diversas empresas y disfruta especialmente poder interactuar con gente distinta todo el tiempo, es curioso y le encanta conversar sobre todo tipo de temas.

Gustavo Fleitas tiene 49 años y comenzó a quedar ciego a los 30. Trabaja realizando masajes en empresas. "Nosotros tenemos que demostrar que el trabajo es dignidad y se logra a través del esfuerzo del día a día"
Gustavo Fleitas tiene 49 años y comenzó a quedar ciego a los 30. Trabaja realizando masajes en empresas. “Nosotros tenemos que demostrar que el trabajo es dignidad y se logra a través del esfuerzo del día a día”Crédito: Emiliano Lasalvia

¿Cuál es el principal prejuicio contra el que batalla como ciego? “La inutilidad”, contesta sin dudar. “No somos tontos, yo no puedo leer un libro, pero hay otros métodos. Puedo hablar de política o economía. He levantado mi casa con la ayuda de un albañil, le pedía el listado de materiales y los compraba, le alcanzaba las cosas mientras trabajaba, le preguntaba si estaba todo en escuadra. Reparo cosas de electricidad: corto la térmica, pregunto el color de los cables y me arreglo. He cortado árboles con un hacha. No me veo limitado, todo se puede hacer. A mí me da orgullo haber criado a mis tres hijas”. Por eso muchas veces se indigna cuando se cruza con personas ciegas que mendigan: “Nosotros tenemos que demostrar que el trabajo es dignidad y se logra a través del esfuerzo del día a día”.

“Las empresas tienen que romper el paradigma de que una persona con discapacidad no es empleable”

Según Español, estas son las cuatro barreras comunes del status quo contra las que se enfrenta:

  • Las mismas familias, hacia el asistencialismo de que la persona con alguna discapacidad esté simplemente en un rincón recibiendo ayuda de la familia. “Continuamente se les dice que no van a poder tener un rol profesional o que se van a tener que valer por sus propios medios como al resto de la gente se le dice de muy chicos”.
  • El estado. “El sistema de incentivos que ofrece disminuciones de aportes patronales para los empleados con discapacidad no es suficiente, porque no mueve la aguja de nada. Las empresas ven el costo del riesgo de emplear una persona con discapacidad mucho más alto que el beneficio fiscal que puedan tener”
  • Las empresas tienen que romper el paradigma de que una persona con discapacidad no es empleable, si no que puede ser rentable y les puede hacer generar plata. Esta lógica, según Español, se empezó a dar recién en los últimos dos años.
  • Las organizaciones. También están compuestas por personas que muchas veces no se animan a soñar o a arrimar propuestas al gobierno más allá del pedido de aportes. “No es el camino, creo que falta una madurez desde la propuesta de dirigencia desde el sector de discapacidad para que esto mejore también”.
Por: María Ayzaguer, LA NACIÓN