GUADALUPE ESTUDIA, SONRÍE Y NO DEJA DE SOÑAR

Tiene 20 años y es la primera alumna con Síndrome de Down que cursa en la Universidad de Río Negro. Vive en Villa Regina y viaja todos los días en colectivo a Roca para asistir a los talleres de Apasído y luego cursar materias de Diseño Gráfico.

“Me gustaría confeccionar ropa, armar tarjetas o ver diseños para carcazas de teléfonos celulares”. Así lo afirma Guadalupe Calio, la joven de 20 años que vive en Villa Regina con su familia y que realiza la mayoría de sus actividades en Roca.

Un día de Guadalupe arranca a las 6:15 de la mañana. Desayuna y espera que sus tíos la busquen para el primer viaje a Roca. A las 8 entra a Apasido (Asociación Civil Patagónica de Síndrome de Down) donde participa de talleres como Habilidades Sociales, Orientación Vocacional, Habilidades Funcionales y Estimulación Pedagógica.

Al mediodía se toma un colectivo interurbano para volver a su casa, en Regina y por la tarde vuelve a Roca, también el colectivo. En la Universidad de Rio Negro cursa materias como Diseño 1 y Tecnología II, los martes, miércoles y jueves.

Hacia la nueve de la noche su padre la busca y vuelve a casa, cansada pero con el entusiasmo de superarse día a día. “Quiero ser diseñadora gráfica”, afirma Guadalupe, quien cuenta que las primeras materias del año pasado las hizo junto a su papá Hugo.

Al estudio y los talleres le siguen hobbies como escuchar música de “Maluma”, “Riky Martín” y cumbia, entre otros.

Desde la Universidad de Río Negro destacaron el esfuerzo de Guadalupe y el incentivo de parte de la familia para que ella avance hacia su sueño. Incluso la Universidad contrató una acompañante pedagógico para asistirla en este proceso.

“La Universidad tuvo unos 30 ingresantes con distintas discapacidades el año pasado, en todas sus sedes, pero Guadalupe es la primera con Síndrome de Down. Hacia finales del año pasado terminaron sólo ocho, entre ellas Guadalupe que este año continúa con dos materias”, destacó Laura Spatocco, Jefa de Departamento de Vida Estudiantil.

Guadalupe Calio, primer estudiante con sindrome Down en la UNRN (Foto: Emiliana Cantera)

Agregó que lo primero que se hizo con la familia de la joven fue “partir de la verdad” sobre las limitaciones que puedan existir. Eso llevó a considerar a la estudiante como una “alumna vocacional”. Esto significa que ella no puede hacer todas las materias de la carrera, pero sí aquellas que serán útiles para alcanzar su objetivo.

A pesar que el año pasado Guadalupe desaprobó su primer final, ella no baja los brazos y en mayo de este año tendrá una nueva oportunidad.

Desde el Departamento de vida estudiantil destacaron que tanto alumnos como profesores van logrando la integración que hace falta para que los jóvenes con discapacidades puedan acceder a los estudios universitarios, venciendo las barreras que se presentaban.

Por su parte Hugo Calio, padre de Guadalupe, destacó la buena predisposición de la Universidad e Rio Negro, que evalúa a su hija como una estudiante más, sin privilegios. “Mi hija quiso ir a la Universidad y nosotros la apoyamos y acompañamos. Un día un profesor me dijo, “este es su derecho, tiene que estar acá y eso me dio animo para seguir”.

Auténticos

Al conmemorarse el pasado miércoles un nuevo Día Mundial del Síndrome de Down, en España se lanzó una campaña denominada “Auténticos”, que busca aumentar la visibilización de las personas con esta discapacidad intelectual.

La idea es “reflejar la autenticidad de las personas con síndrome de Down, su naturalidad y espontaneidad. El auténtico es el que no tiene imitación, el genuino, el que se muestra tal y como es, sin artificios”, definieron.

Similares objetivos se buscan desde la Asociación civil Patagónica de Síndrome de Down, “Apasído” donde asisten 22 chicos, de los cuales seis tienen el síndrome. “Trabajamos para favorecer la transmisión a la vida adulta, a partir de un proyecto personal de inclusión social y laboral”, destacan desde la institución.

Foto: Emiliana Cantera

¿Qué es el Síndrome de Down?

Es una alteración genética que se produce en el momento de la concepción, al unirse el óvulo con el espermatozoide. La causa que la provoca es hasta el momento desconocida. Cualquier persona puede tener un niño con Síndrome de Down, no importa su raza, credo o condición social. Todos tenemos 46 cromosomas en cada una de nuestras células; 23 son de la madre y 23 del padre.

Tanto uno como otro pueden poseer un cromosoma de más, ya sea en el óvulo o en el espermatozoide. De esta manera uno de los dos aportará 24 en lugar de 23 cromosomas y nacerá entonces una persona con Síndrome de Down, que tendrá en total 47 cromosomas, en lugar de los 46 correspondientes. Ese cromosoma extra se alojará en el par 21, por eso se conoce con el nombre de “trisomía” (3 copias del cromosoma 21).

El cromosoma extra, al que nos hemos referido, hace que las personas con Síndrome de Down posean características físicas similares (ojos oblicuos, poca tonicidad muscular, nariz pequeña, orejas pequeñas, manos pequeñas, dedos cortos, etc.

Los niños con Síndrome de Down podrán desarrollar todo su potencial de aprendizaje y seguirán los mismos pasos de desarrollo que el resto de los niños, sólo que lo harán más lentamente.

Dependerán fundamentalmente de una familia sólida que les brinde amor y pertenencia y de profesionales de apoyo que crean primero en ellos como “personas” y luego como “personas con Síndrome de Down”. Fuente: planetamama.com.ar